Los inicios del café

La historia del café , esa bebida tan consumida en el mundo occidental y alrededor de la cual se ha construido un importante ritual de socialización, resulta curiosa ya desde su denominación, ya que nos da a entender su gran carácter internacional debido a sus múltiples derivaciones terminológicas.

La palabra «café» proviene del árabe qahwa («estimulante») y se cree que en realidad sería una abreviación de la expresión qahhwat al-bun o vino de habichuela; del árabe derivó al turco bajo la forma qahve y de este al italiano caffè, vocablo del cual proviene el nombre en español. Si bien el origen de la palabra no se ha esclarecido todavía, se piensa que este estaría en la región de Kaffa, al suroeste de Etiopía, lugar de donde procede el cafeto, la planta del café. Esta zona originariamente funcionaba como ruta comercial hasta Sudán y otras partes de África, entre las cuales se encontraba la Península de Arabia, lugar al que llegó en el siglo XIII, lo cual explica la doble procedencia del café: etíope y arábica, lugares en los que se cultiva tanto la variedad robusta como la arábica. Sin embargo, no ha sido posible averiguar en qué momento de la Historia se originó la planta del café, aunque diversos estudios afirman que esta tiene más de 1800 años de vida.

Parece ser que desde una época muy temprana los etíopes masticaban las bayas de café, pues provocaba un efecto estimulante en quien las probaba, por lo que al principio no existía esa costumbre de preparar el café como infusión. Por otra parte, la planta del café fue una de las primeras en haber sido sembrada a voluntad, e incluso el hecho de plantarla se convirtió en un ritual, símbolo de afecto y buena intención. La historia sobre el origen del café la alberga muchas leyendas, siendo la más conocida la del pastor Kaldi, que se remonta al siglo V de nuestra era. Este era un pastor etíope que, mientras sacaba a pastar su rebaño de cabras, observó cómo los animales se volvían más inquietos, nerviosos y activos después de ingerir los frutos y las hojas de una planta desconocida para él. Ante esto, el pastor decidió recoger esos frutos y llevárselos al imán de una mezquita próxima, quien decidió preparar esos frutos en infusión, bien fermentando las semillas, bien preparándola con las hojas del cafeto. Al ver que sus efectos hacían que permaneciese despierto mucho tiempo, decidió ofrecerle esa bebida a sus discípulos, para que fuesen capaces de aguantar toda la noche orando. A partir de ahí el consumo de esta infusión se propagó por todo el territorio y, después de numerosas pruebas hechas con las semillas de esta planta, se descubrió que a través del tueste de las mismas se obtenía una bebida mucho más sabrosa y de aroma agradable. Y aquí surge lo que hoy en día conocemos como el café, una bebida muy popular que rápidamente fue adquiriendo una fama notable.

Como ya hemos destacado, desde Etiopía el cafeto fue llevado a Arabia, en donde la introducción del café no fue tan afortunada ya que, alrededor del año 1510, su consumo fue prohibido en La Meca
por considerarlo una droga cuyos efectos eran incluso más fuertes que el «kat», un estimulante natural. Pero además, ordenaron cerrar todos aquellos establecimientos en los que se servía café, los llamados «Kaveh kanes», unos lugares muy concurridos en los que se realizaban tertulias de todo tipo, se practicaba el ajedrez y se disfrutaba de la música y del baile. El motivo principal del cierre no fue otro que el hecho de considerar el café como una especie de estimulador del espíritu crítico de sus consumidores, una deducción a la que se llegó después de que esos locales se convirtieran en centros de actividad política; sin embargo, esta prohibición fue rápidamente cancelada debido a la numerosas rebeliones surgidas como consecuencia del cierre. A mediados del siglo XVI el consumo de café se había extendido por casi todo Oriente Medio; de hecho en Constantinopla (la actual Estambul) se creó el primer establecimiento que ofrecía café a sus clientes y en el que, además, se discutían asuntos de tipo político y/o cultural.

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